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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.
20/04/2004
¿Quién es?Llora desesperado. No se lo puede creer. "¿Qué es lo que pasa aquí?", grita. No sabe qué hacer. Mira de un lado a otro. La gente sigue caminando, con prisa por llegar a sus destinos. ¿A dónde irán? piensa. Cree que si sigue a alguna de esas personas encontrará el camino, o que por lo menos encontrará alguna respuesta. De pronto, un señor con un gran bigote se topa con él. "¿Está perdido?", le preguta amablemente. Narciso se asusta. Mira a los lados, pero es a él a quien le está hablando. "Ven conmigo", le dice. Narciso no sabe qué hacer. ¿Quién es ese hombre?
22/04/2004
El Padre Felix
Decide seguirle, porque no tiene otra opción. El señor se presenta como Padre Felix. Narciso encuentra el nombre un poco extraño, piensa que el señor está loco, ya que obviamente no es su padre, ni un Dios, y se ha puesto ese nombre. Además sus ropas son también diferentes al resto, no viste de colores, y con pantalones, como el resto de los hombres que ha visto hasta ahora; Felix, viste con una especie de vestido largo y engro, y con una cosa blanca en el cuello.
Pero a nuestro Narciso no le importa, al fin y al cabo, también él es diferente de la gente que le rodea ahora mismo, y por lo menos Felix, se está mostrando amable.
Al principio no hablan. Pero al cabo de unos minutos el señor del vestido empieza a preguntarle cosas extrañas. Si tiene algún tipo de drogodependencia, si tiene familia cercana, si tiene... Narciso está muy confuso, desconoce el significado de muchas de las preguntas, y no sabe qué contestar. Tiene miedo de que su respuesta sea la equivocada y también Felix le abandone.
Narciso empieza a hablar de lo que él cree es normal. De su vida en el Olimpo, de la felicidad, de la gente que cuidaba de él. Pero se detiene en seco cuando ve la cara de Felix. Narciso sabe en ese mismo momento que su respuesta no ha sido la adecuada. Felix cambia rápidamente su rictus, pero Narciso se percata de que algo no va bien.
25/04/2004
Y las decepciones siguen...Ése hombre que Narciso creyó que iba a ayudarle se transforma, aunque intente ocultarlo, en alguien con una mirada que ya había percibido antes. El tendero, el conductor de autobús, las personas con las que se cruzó nada más llegar a ese lugar tan diferente y gris... todos tenían unos ojos que eran todo menos amigables. ¿Qué quieres decir con "la gente que te cuidaba"? ¿Acaso no crees que eres mayorcito y estás lo suficientemente capacitado para, no sólo cuidar de ti mismo, sino, cuidar de otras personas?", pregunta irónicamente el hombre. Narciso le mira boquiabierto. "¿Cómo cambiarán estas personas de humor tan fácilmente? Y lo más importante, ¿por qué?", pensaba mientras el Padre Felix le increpaba. "Eres un tipo raro. Muy raro. Pero hay algo que me dice que no me mientes cuando te pregunto si tomas drogas. A pesar de ello, me siento profundamente decepcionado. ¡No me dirás que nunca has experimentado dolor, pena, frustración o injusticia!", pregunta el Padre, "¿Qué hay de los pobres, los desamparados y tantos otros que necesitan de nuestra ayuda?" Narciso titubea torpemente y alcanza a decir que no sabe de qué está hablando. El Padre Félix piensa que le está tomando el pelo y que sólo es un loco más de tantos que ha conocido. Al llegar a esta conclusión su rostro se llena de dureza. "No merece la pena intentar enseñarte la Verdad", murmura mirando a Narciso. "Para ello tienes que estar dispuesto y, siento decírtelo de este modo, pero no me gusta que me tomen por idiota" Sin más, se da media vuelta y deja abandonado a Narciso. Éste sigue caminando hacia ninguna parte y cuando cree que todo está perdido y la desesperación comienza a entrar por sus venas, una chica de unos 25 años se acerca a él con una gran sonrisa y le pregunta si es extranjero ya que le ve algo perdido.  Narciso levanta la cabeza para verla mejor y descubre a una chica con pintas de estudiante, cargada de libros y una coleta mal hecha.
26/04/2004
En algo se parece..."¿Extranjero yo? Eh.. bueno, no... bueno, sí, no sé..." titubea Narciso. ¿Es extranjero? Es verdad que viene de otro sitio pero... Mientras lo piensa, se queda mirando a esa chica. La expresión de sus ojos le dice que es una persona muy dulce. Y esa coleta mal hecha, los manos repletas de libros, un bolso que le arrastra por el suelo y unos pantalones rotos le convierten en una persona muy especial para Narciso. Tiene algo que le recuerda a Lilith pero no sabe lo que es. Tiene dudas. Después de lo ocurrido con el Padre Felix, no está muy seguro de lo que debe hacer. De momento, decide contestar: "sí, soy extranjero. Estoy buscando un buen sitio para comer, ¿podría ayudarme?" Ella sonrió. Parecía dispuesta a ayudarle. "Conozco un restaurante buenísimo, ven conmigo, está aquí cerca", le dijo sin borrar su sonrisa de la boca. Y Narciso le siguió, aunque cauteloso.
27/04/2004
¿Venus?Mientras ambos andan por la calle Narciso se mantiene silencioso, no quiere hablar, parece que en este mundo no es algo que le vaya a beneficiar. Sin embargo, su compañera no para de charlar y charlar sobre todo lo que encuentran. Como cree que es extranjero le va contando la historia de ese mundo. Eso que ven allí es un reloj muy importante, Narciso se entera de que allí vive un tal Ben , y que debe ser algún gigante. También hay una torre en la que algún tipo mataba a sus mujeres, llegó a matar a,¿ unas 7..? ¡Qué mundo tan extraño! 
A medio camino la chica se para en seco y le mira con una sonrisa pícara. "Pero, ¡si no te he dicho mi nombre! Soy Venus !". Narciso no puede evitar que su cara refleje su asombro. "Venus, ¿la Diosa?". Ella ríe y contesta que es el primero que hace ese chiste. Le cuenta la historia de cómo sus padres son historiadores, y cómo su madre se especializó en mitología. Narciso no entiende nada, pero algo dentro de él le hace pensar que no es quien él cree.
Venus le señala un restaurante en la siguiente manzana. Pequeño, con vivos colores y con un camarero que no para de reir, ese sitio desentona con el resto que ha visto hasta ahora. No le tiene miedo. Por primera vez se relaja. Pero justo cuando están cruzando el umbral de la puerta, Venus le pregunta: "¿De dónde eres exactamente?".
29/04/2004
Venus, querida VenusLa respiración de Narciso se aceleraba por momentos, le faltaba el aire. Estaba asustado y no sabía qué contestar. ¿Se tomaría bien Venus lo que le iba a decir? ¿Se reiría de él? Y lo más importante... ¿le iba a contar la verdad? De pronto oyó a Lilith por primera vez después de esas horas infernales que había pasado en la ciudad: "Sé valiente, Narciso. Acepta las consecuencias de tus actos y enfréntate a tus miedos". Narciso respiró hondo, tragó saliva y contestó: "Eres especial, Venus, y por eso voy a ser sincero contigo. Antes de nada quiero aclarar que ni estoy borracho ni tomo dro..." "¡Vete al grano, tio! Te aseguro que he visto cosas peores en esta ciudad. Tengo curiosidad por saber de ti. Me inspiras confianza, ¡venga!, ¡cuéntame!", le interrumpe Venus ansionsa. "Soy del Olimpo. Me llamo Narciso y me he encontrado en este lugar por error. Bueno, por error exactamente, no... He venido a aprender, quiero saber lo que se siente al ocurrirme cosas que no son buenas. Aunque a decir verdad, -Venus le mira perpleja, sin saber cómo reaccionar- ya he experimentado algunas cosas que no me gustan. Todavía no sé si quiero quedarme en este lugar" La expresión de Venus no tiene precio. "Ya. Creo que necesitas ayuda, pero no sé si yo podré dártela", continúa. Narciso ya sabe por dónde van los tiros y comienza a levantarse de la silla. Venus sonríe amigablemente. "¿Qué haces? No me estás entendiendo. Yo soy Venus, la Venus que conociste en el Olimpo, la Venus de la que te enamoraste..." Narciso se queda paralizado, y titubea torpemente. "Pero... ¿y tu aspecto?, ¿qué ha pasado con su aspecto?" Venus ríe de forma nerviosa y le mira a Narciso con ternura. "Cuando me enteré de que te marchabas decidí seguir tus pasos. Yo también he renuciado al Olimpo, pero me he adelantado un poco a ti. Se podría decir que tomé un atajo y mientras tú pasabas años intentando sobrevivir en el bosque, me dediqué a aprender cómo vivir en este mundo tan raro...", rie y su rostro toma un color rosado. Baja la mirada. "Te he estado esperando todo el tiempo, Narciso, para poder estar contigo. Temí que me olvidaras".
¡Increíble!Narciso le coge de la mano. Le mira dulcemente. Le susurra al oído: "No se le pueden poner diques al mar". Se levantan y caminan sonrientes hacia un futuro incierto pero, juntos al fin y al cabo. ¿O no?
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